Cómo elijo un sketchbook para pintar (miro el papel antes que la marca) — Jahzart

Cómo elijo un sketchbook para pintar (miro el papel antes que la marca)

Cómo elijo un sketchbook para pintar (miro el papel antes que la marca)

Tengo una pila de cuadernos empezados y abandonados, y todos los abandoné por el mismo motivo: el papel no aguantaba lo que yo quería hacer encima.

Estos son los cuatro criterios que miro ahora, en orden.

1. El papel, siempre primero

Un sketchbook para pintar necesita mínimo 200 g/m², y si vas a usar acuarela de verdad, 300 g. Por debajo de eso la hoja se ondula y traspasa a la de atrás.

Si además es de algodón, mejor, aunque encarece bastante. Para el día a día una cartulina buena de celulosa cumple de sobra.

El detalle que más se ignora es el encolado. Un papel poco encolado chupa el color al instante y no te deja trabajarlo. Lo cuento con más detalle en el artículo sobre el gramaje.

2. Cómo abre

Esto parece secundario hasta que intentas pintar una doble página y el lomo te levanta el papel.

Los de costura japonesa o cosidos abren planos del todo. Son los mejores para trabajar a doble página.

Los de espiral abren plano también, pero la espiral te molesta en la mano si eres diestra y pintas en la página izquierda. A mí me pasa constantemente.

Los encuadernados en tapa dura con lomo rígido son los peores para pintar. Bonitos y cómodos de guardar, incómodos de usar.

3. El formato

Cuanto más grande, menos lo sacas de casa. Es una regla tonta pero se cumple sin excepción.

Yo tengo dos: uno pequeño, tamaño postal, que va en el bolso y se usa; y uno A4 que se queda en la mesa. El grande se llena mucho más despacio, y está bien que así sea.

Los cuadrados me gustan visualmente pero me cuesta componer en ellos. Es una preferencia mía, no una recomendación.

4. La tapa, al final

La tapa importa solo por resistencia. Que aguante el bolso y que no se doble. El diseño de la portada es lo último que miro, aunque reconozco que he comprado alguno solo por eso y luego no lo usé.

Cuántas páginas

Menos de las que crees que quieres. Un cuaderno de 150 páginas de papel grueso pesa, no se termina nunca y acabas cansada de él a la mitad.

Los de 30 o 40 hojas se acaban, y acabar un cuaderno tiene un efecto raro de cierre que me empuja a empezar el siguiente. Los gordos se quedan a medias en un cajón.

Cómo lo pruebo antes de comprometerme

Si puedo, compro primero una sola hoja suelta de ese papel. Si no, hago esto en la primera página del cuaderno nuevo:

  • Un degradado de un color, de saturado a agua. Me dice si el papel deja mover el pigmento o lo absorbe de golpe.
  • Una mancha, la dejo secar, y luego intento levantarla con un pincel limpio y papel de cocina. Me dice cuánto encolado tiene.
  • Dos colores húmedo sobre húmedo, para ver si se funden bien o se quedan con borde duro.

Cinco minutos y ya sé si el cuaderno me va a servir para lo que quiero.

Enseño mis sketchbooks favoritos y por qué me quedé con cada uno

Cuidarlos sin obsesionarse

Los cuadernos con acuarela se abomban con el tiempo aunque el papel sea bueno. Guardarlos en horizontal y con algo de peso encima los mantiene decentes.

Si trabajas a doble página y te preocupa el traspaso, mete una hoja de papel vegetal entre medias mientras seca. Es más barato que comprar papel más grueso.

Y ponles fecha. Yo escribo el mes en la esquina de cada página. Cuando revisas un cuaderno de hace dos años, esa es la información que echas de menos.

El miedo a la primera página

Esto no es un criterio de compra pero es la razón número uno de que un cuaderno se quede sin usar.

Lo que hago: pinto la primera página a propósito con cualquier cosa fea el mismo día que lo compro. Una mancha, una prueba de colores. Con el cuaderno ya estropeado, se acabó el problema.

También dejé de usarlos en orden. Abro por donde caiga. Un cuaderno no es una exposición, es una herramienta de trabajo.

Si tienes que elegir entre un cuaderno caro que te dé miedo usar y uno decente que llenes entero, coge el segundo. El papel bueno no sirve de nada dentro del armario.
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