Érebo
Un rostro que emerge de la oscuridad, medio comido por las flores. La cara está construida con muy pocos planos —frente, pómulo, mandíbula— en tonos pálidos que la separan del fondo, y el ojo visible mira de lado, sin ofrecerse del todo.
El resto es rojo. Lirios y pétalos de un carmín encendido nacen a la derecha y avanzan sobre la mejilla hasta rozarle la boca, con las líneas blancas del nervio resueltas de un solo trazo. Detrás no hay fondo, hay penumbra: granates y negros que se van cerrando hacia los bordes, de modo que la figura parece iluminada por algo que queda fuera del cuadro.
El título viene de Érebo, la oscuridad primordial en la mitología griega. Pertenece a la serie Retratos Audaces. Acrílicos sobre lienzo, formato A3 (aprox), firmada.