El poder de las listas: cómo organizo mis metas para cumplirlas de verdad

Llevo un tiempo usando listas para ser más constante, y funciona mejor de lo que esperaba. No por nada místico: funciona porque te obliga a convertir una intención vaga en algo que puedes mirar y comprobar.
Este es el método, que es corto y por eso se sostiene.
Antes de escribir la lista, define la meta
El error de casi todo el mundo es empezar por la lista. La lista es el segundo paso.
Primero necesitas saber qué quieres alcanzar, y sobre todo que sea medible en el tiempo. Si no puedes decir cuándo se cumple, no vas a saber nunca si la cumpliste.
"Quiero ponerme en forma" no es una meta. "Quiero correr 10 km el mes que viene" sí, porque tiene número y tiene fecha. A partir de ahí ya puedes preguntarte cuántas cosas tienes que hacer para llegar, y esas cosas son tu lista.
Las tres preguntas
Cada vez que me planteo algo nuevo me hago estas tres, en este orden:
- ¿Qué quiero alcanzar?
- ¿En cuánto tiempo lo quiero alcanzar?
- ¿Qué tengo que hacer para llegar ahí?
La tercera es la lista. Las dos primeras son las que casi nadie contesta, y por eso las listas de mucha gente son un montón de tareas sueltas que no llevan a ningún sitio.
Para qué sirve realmente la lista
Para dos cosas, y ninguna es acordarte de las tareas.
La primera es seguir el progreso. Poder mirar atrás y ver cuánto has avanzado en el tiempo que te diste. Sin eso, la sensación siempre es que no has hecho nada, aunque hayas hecho mucho.
La segunda es descartar. Y esta es la que más me ha servido: no todo lo que escribes en tu lista de metas es prioridad. Al verlo todo junto y por escrito te das cuenta de que hay cosas que no vas a hacer, y puedes tacharlas sin culpa. Eso es organizar.
No hace falta esperar a enero
Se ha instalado la idea de que los objetivos se plantean cuando empieza un año nuevo. No es verdad, y esperar es la mejor forma de perder tres meses.
Lo que sí tienen de bueno las fechas de final de año es que invitan a parar y revisar. Pero puedes hacer esto un martes de agosto y funciona exactamente igual.
Semanal, no mensual
Aquí es donde más he notado la diferencia. Si te organizas por semanas en vez de por meses, ves resultados mucho antes, y corregir el rumbo cuesta días en vez de semanas.
Yo divido la semana en cinco zonas:
- Los días, uno por recuadro: lo más importante de cada uno, tareas, proyectos o recordatorios.
- Por hacer: todo lo que quiero lograr esa semana, sin ordenar.
- Citas: reuniones y eventos, que son lo único que tiene hora fija.
- Prioridades: solo tres. Si la semana se tuerce, esas tres son las que salvo.
- Próxima semana: lo que quiero dejar preparado para arrancar sin estrés el lunes.
Esa última casilla es la que más subestima la gente. Es la diferencia entre empezar la semana decidiendo qué hacer y empezarla haciendo.
Con un cuaderno basta
Lo digo siempre y lo mantengo: si tienes un cuaderno y un lápiz en casa, ya puedes empezar hoy. No necesitas comprar nada, y desde luego no necesitas la app de moda.
Dicho eso, yo uso una plantilla imprimible porque tener las secciones ya dibujadas me quita la parte de montar la hoja cada domingo, que es justo la excusa con la que dejaba de hacerlo.
Es esta: Planner Semanal La Semana. Son 3 €, es un PDF que imprimes las veces que quieras, y tiene exactamente las cinco zonas que te acabo de contar.
Si te llevas una sola idea: una meta sin fecha y sin pasos no es una meta, es un deseo. La lista es lo que la convierte en una cosa que puedes hacer.
Si te va este tema, en el blog tengo más sobre proceso creativo y organización. Y las obras originales están en la galería.